Análisis de la Casa Gilardi del arq. Luis Barragán

Relación con el entorno

La relación de un recinto con su entorno determina la forma en la que se percibe la luz del día, los atardeceres, el entorno urbano o rural, los vecinos, la paz y sosiego o la interacción amable con la naturaleza. Para ello vamos a compartir 4 formas de entender esa relación con el exterior a través de ejemplos concretos de viviendas, pues son el habitat más íntimo y acogedor, común a cualquier ser humano. Posteriormente nos vamos a detener en el análisis de la Casa Gilardi, por ser un ejemplo de arquitectura latinoamericana y una obra maestra en lo que se refiere a la resolución de la relación con un entorno poco atractivo.

Alternativas según la relación con el entorno que desees enfatizar:

Concepto de relación con el entornoEjemplo idealPapel de la ventana
Introspección y luz fenomenológicaCasa Gilardi (Luis Barragán)Filtro emocional; conecta con la luz y la vegetación interna aislándose de la urbe.
Encuadre del paisaje exteriorMaison La Roche o Villa Savoye (Le Corbusier)La fenêtre en longueur (ventana corrida) como marco panorámico que domestica el paisaje exterior.
Disolución total de la barreraCasa Farnsworth (Mies van der Rohe)Paños de vidrio de piso a cielo donde la fachada desaparece y el entorno abraza la estructura.
Mimetismo y topografíaCasa Orgánica (Javier Senosiain)Aperturas orgánicas que vinculan el espacio subterráneo con el jardín o la tierra.

Casa Gilardi

Villa Savoye de Le Corbusier

Casa Farnsworth  de Mies van der Rohe

Casa Orgánica de Javier Senosiain

La Casa Gilardi es un ejemplo extraordinario para hablar de la relación con el entorno, pero con un matiz crucial: no utiliza la ventana como un marco hacia el paisaje exterior, sino como un dispositivo de introspección y control de la naturaleza. Una relación sensorial, íntima y fenomenológica con los elementos naturales (luz, agua, aire y vegetación) a través del vano, es una obra maestra absoluta.

Barragán aceptó el encargo atraído por dos condicionantes del proyecto: el enorme árbol Jacarandá que se debería mantener en el solar, y la piscina solicitada por el dueño como parte del programa. De hecho la casa se dispone de manera tal que se cierra a la calle y refuerza su interioridad.

El mensaje universal de Luis Barragán posee respuestas capitales ya que, como él dijo: «…el hombre ha buscado siempre protegerse de la angustia y el temor. Ha procurado que los espacios que habita promuevan en su ánimo la serenidad…», dado que, como también llegó a explicar de manera por demás generosa: «…hemos trabajado […] con la esperanza de que nuestra labor […] coopere en la gran tarea de dignificar la vida humana por los senderos de la belleza y contribuya a levantar un dique contra el oleaje de deshumanización y vulgaridad. Si al lograr reunir en nuestras obras algunos de estos conceptos no logramos resolver los problemas del hombre, al menos cooperamos a hacer su vida más plena, más hermosa y más llevadera y lo ayudaremos a no caer en la desesperanza…»

Espacios
Ordenada sobre un eje a lo largo del terreno, que se desliza con un pequeño impacto urbano por fuera e intimista por dentro. El reducido pero potente volumen rosa se defiende de la calle y se vierte el interior, descomponiéndose hacia el pequeño patio conformado tanto por el volumen delantero (servicios, dormitorios) como por el trasero (salón-comedor-piscina) ambos unidos por un corredor mágico. Todo aquello configura un patio que rodea a un hermoso árbol, el cual debía ser respetado como condicionante al propietario, que resalta con sus ramas o flores los altos lienzos monacales.

La disposición en planta descubre poco a poco los espacios a través de filtros de luz y silencio. Un mundo de sensaciones: sencilla entrada, el pasillo se amplia, la escalera sin barandilla levita y asciende por el efecto de luz cenital, nos atrae un emocionante corredor invadido por la suave luz amarillenta que se filtra por una serie de aberturas verticales con vidrios de color onix, al final de la cual una puerta da paso a un espacio austero que sólo contiene un pequeño espejo de agua, una rustica mesa de comedor, sus sillas y un aparador, mientras un inquietante muro rojo sujeta el tragaluz y baña la piscina, el resto es todo luz. Esa piscina-estar-comedor, el espacio central de la casa, se convierte en un ámbito mágico donde el suelo se interrumpe en un silencioso paso entre lo sólido y lo líquido, pues el estar-comedor se instala a orilla del agua, y el muro de color rosa, que se hunde en ella, vibra con las geometrías producidas por la cambiante luz cenital que va transformando el espacio a lo largo del día.

Con pocas referencias del mundo exterior, la casa exhibe en su interior atractivos para ser disfrutados por la vivienda, afirmando su carácter introspectivo. Los ambientes se asoman al recinto interior a través de grandes superficies acristaladas.

El árbol tiene su espacio reservado, pero no actúa como protagonista, sino que es un complemento del conjunto que encuentra su escenario en el vacío del solar.

Cómo aborda Barragán la ventana y el entorno en la Casa Gilardi:

Filtro y aislamiento del exterior urbano: Ubicada en un lote estrecho entre muros medianeros en la Ciudad de México, la casa se cierra a la calle. Las ventanas hacia la vía pública no buscan integrar la ciudad, sino proteger la intimidad doméstica.

Integración del entorno natural interno: La arquitectura se organiza alrededor de un jacarandá existente en el predio. La ventana aquí funciona como un diafragma que introduce la luz, la vegetación y el cielo al interior, creando un microcosmos.

Luz como materia tectónica: En el famoso corredor con vidrios amarillos, los vanos recortan la luz del sol para bañar el espacio en un tono dorado vibrante. La ventana deja de ser un mero hueco transparente para convertirse en un prisma manipulador de la atmósfera.

Disolución de límites (El comedor y la piscina): En el espacio de la piscina interior/comedor, una apertura cenital y los muros de color (azul y rojo) interactúan directamente con la superficie del agua y los rayos solares, diluyendo la frontera entre el adentro habitado y el elemento natural.

Estas sería la foto de portada de este artículo

…Por cierto que, tanto el color del muro rosa como el azul del espacio circundante fueron tomados de un famoso cuadro de Chucho Reyes. Es un gallo, de ahí salieron el magenta y el azul turquesa. “Chucho Reyes tenía un excelente ojo para el color. Dedicó su vida a las cosas bellas. No entendía de planos, pero me ayudó con el color. El color de los mercados mexicanos… el color de los dulces mexicanos… de las golosinas… la belleza de un gallo.

Colocamos los colores para la casa Gilardi pintando grandes cartulinas en mi casa, recargándolas una tras otra en las paredes, moviéndolas de lugar, jugando con ellas hasta que decidimos los colores exactos.

Les diré un secreto: la piscina tiene un muro o columna rosa que no sostiene nada. Es una pieza de color situada en el agua, por placer, para traer luz al espacio y mejorar su proporción general”

Cuando pensamos que la única percepción que podemos validar desde una ventana sería la horizontal, descubrimos que una ventana no solo existe para mirar, tambien para dejar entrar la luz, para dirigir la vista al cielo o a espacios creados para hacer contraste con el adentro. De eso se trata aprender a mirar como un arquitecto, dejar lo obvio a un lado y desglosar las infinitas posibilidades de resolución de un terreno potencial, de una recinto ya construido pero que se puede mejorar, de un entorno que alberga un tesoro por descubrir y así enriquecer nuestra vida cotidiana con nuevas propuestas…