¿Cómo aprovechar la luz natural en una casa sin aumentar el calor?

Luz, sombra, orientación y naturaleza: claves para iluminar los espacios sin renunciar al confort.

Iglesia de la luz, Japón

Arquitecto Tadao Ando

La luz natural puede transformar un espacio. Pero recibir más sol no siempre significa tener una casa más luminosa y confortable. La arquitectura está precisamente en aprender a controlar cómo entra esa luz.

Hay casas que necesitan encender las luces durante buena parte del día.

Y hay otras en las que la luz parece recorrer los espacios, entrar por diferentes aberturas y cambiar de intensidad a medida que avanza el día.

La diferencia no siempre está en tener ventanas más grandes.

Muchas veces está en cómo están orientadas, qué las protege y qué relación establecen con el exterior.

Porque cuando hablamos de luz natural aparece una pregunta importante:

¿Cómo podemos hacer que entre más luz sin convertir nuestra casa en un espacio demasiado caliente?

La respuesta está en aprender a distinguir entre luz y radiación solar directa. También influyen otros factores, como la altura de los espacios, los materiales utilizados y la forma de las cubiertas.

Más luz no significa necesariamente más sol.

Cuando queremos iluminar naturalmente una habitación, nuestra primera reacción puede ser pensar en grandes ventanales.

Y sí, una abertura generosa puede aportar mucha luz y conectar visualmente el interior con el paisaje.

Pero también puede permitir que entre una cantidad considerable de radiación solar.

Por eso, desde la arquitectura, no se trata simplemente de abrir.

Se trata de abrir y controlar.

Un espacio puede recibir abundante luz natural sin estar expuesto permanentemente al sol directo.

Ahí comienzan a aparecer algunos de los recursos más interesantes de la arquitectura.

1. La orientación importa

El recorrido del sol cambia a lo largo del día y también depende de la ubicación geográfica y de la orientación de cada fachada.

Por eso una misma ventana puede comportarse de manera muy diferente según hacia dónde esté orientada.

Antes de pensar en una protección solar, conviene preguntarnos:

¿De dónde viene el sol?

Conocer la orientación permite anticipar dónde tendremos mayor incidencia solar y en qué momentos del día.

Esta es una de las razones por las que la orientación debería formar parte de las primeras decisiones de diseño y no ser una consideración posterior.

2. La sombra también diseña

Cuando pensamos en luz, solemos pensar en iluminación. Pero la sombra también es parte de la experiencia arquitectónica.

Un alero, un balcón, una pérgola, una celosía o incluso la vegetación pueden convertirse en filtros que permiten que la luz llegue al espacio de una manera más controlada.

No necesariamente queremos eliminar el sol.

Queremos modularlo.

Una sombra bien pensada puede permitir que una ventana permanezca abierta hacia el paisaje sin que el espacio interior reciba toda la intensidad de la radiación solar.

Y esto cambia completamente la experiencia.

3. La vegetación puede convertirse en un filtro

Un árbol no solamente aporta belleza.

Puede producir sombra, modificar la percepción de un espacio y crear una transición entre la casa y el exterior.

La vegetación también puede funcionar como un filtro visual y ambiental. Y también puede influir en un cambio de temperatura.

Una copa de árbol frente a una abertura puede transformar la calidad de la luz que llega al interior.

Y aquí aparece una de las ideas que más me interesa de la arquitectura vinculada con la naturaleza: no siempre necesitamos construir una barrera para protegernos del exterior. A veces podemos trabajar con el propio paisaje.

4. Los espacios intermedios también ayudan

Un corredor, un patio, una terraza cubierta, un balcón o una galería pueden actuar como una zona de transición entre el interior y el exterior.

Estos espacios intermedios permiten que la casa no pase directamente de un ambiente cerrado a uno completamente expuesto.

Los espacios intermedios funcionan como filtros.

Reciben parte del sol, permiten la circulación del aire, crean sombra y, al mismo tiempo, mantienen la relación visual con el exterior.

Por eso un espacio intermedio bien diseñado puede aportar mucho más que unos cuantos metros cuadrados adicionales.

Puede mejorar la manera en que luz, aire, sombra y naturaleza llegan a nuestra casa.

5. No todas las protecciones solares tienen que ser iguales

Cuando la arquitectura existente ya está construida, todavía podemos intervenir.

Dependiendo de la orientación, del tipo de abertura y de la intensidad solar, podemos recurrir a diferentes soluciones:

aleros;
persianas;
celosías;
cortinas;
pérgolas;
toldos;
toldos verticales;
mallas sombras;
vegetación;
diferentes tipos de filtros solares.

La elección dependerá de las características de cada espacio.

Por ejemplo, un toldo vertical puede ser especialmente útil cuando necesitamos conservar la relación visual con el exterior, pero queremos reducir la incidencia directa del sol sobre una fachada o un corredor.

En otros casos, una solución horizontal puede ser más adecuada.

No existe una única protección solar correcta para todas las casas. Por eso, elegir una protección solar para ventanas o para espacios exteriores requiere observar primero la orientación, el recorrido del sol y la forma en que queremos habitar ese espacio.

Primero debemos entender cómo entra el sol.

Después decidimos cómo queremos filtrarlo.

6. La luz también puede entrar de manera indirecta

Existe otra posibilidad que muchas veces olvidamos: no toda la iluminación natural tiene que provenir del sol entrando directamente por una ventana.

Un patio, un muro claro, una superficie reflectante o una abertura orientada estratégicamente pueden ayudar a llevar luz hacia espacios interiores.

La arquitectura puede trabajar con la luz que rebota, se filtra y se distribuye.

Por eso, en lugar de preguntarnos solamente:

“¿Cómo hago para que entre más luz?”

podríamos formular una pregunta más arquitectónica:

“¿Cómo quiero que la luz entre?”

La segunda pregunta abre muchas más posibilidades.

Luz, sombra y aire: una relación

La luz no funciona de manera aislada.

Cuando pensamos en el confort de una casa también debemos considerar el aire, la sombra, la orientación, los materiales y la vegetación.

Una abertura puede aportar luz y ventilación.

Una sombra puede reducir la incidencia solar.

Una planta puede filtrar la luz y transformar el paisaje.

Un patio puede llevar cielo, aire y claridad hacia el interior.

Es decir, volvemos a una idea que forma parte de mi manera de entender la arquitectura: los elementos no funcionan aislados. Es la relación entre ellos la que construye la experiencia.

Entonces, ¿cómo aprovechamos la luz natural sin aumentar el calor?

Quizás la respuesta no sea buscar más luz, sino buscar mejor luz.

Una luz que permita leer, trabajar, descansar y disfrutar de las vistas sin que el espacio se vuelva incómodo.

Una luz que cambie durante el día.

Una luz acompañada por sombra.

Una luz que pueda relacionarse con el aire y con la vegetación.

Una luz que permita que el exterior forme parte de la experiencia interior.

Porque una casa luminosa no necesariamente es aquella en la que entra más sol.

Es aquella en la que la luz ha sido pensada.

Y cuando la arquitectura consigue controlar la relación entre luz, sombra, aire y naturaleza, el resultado puede ser mucho más que una casa iluminada: puede ser una casa que se siente bien en cualquier momento del día.

¿Y en tu casa, cómo entra la luz?

Si tienes un espacio demasiado caliente, una fachada con exceso de sol o una ventana que quieres proteger sin perder la relación con el exterior, podemos ayudarte a encontrar una solución adecuada.

En Recintos y Contrastes analizamos cada espacio desde su orientación, uso y relación con el exterior para recomendar soluciones de protección solar que aporten confort sin perder la conexión con la naturaleza.

¿Quieres conversar sobre tu espacio? Escríbenos y cuéntanos qué ocurre.