Pabellón ZERI: cuando la sombra también construye.
La mirada del arquitecto.
Pabellón ZERI: cuando la sombra también construye.
La mirada del arquitecto.
Hay edificios que se entienden mirando su forma.
Y hay otros que comienzan a revelarse cuando dejamos de mirar el edificio como objeto y empezamos a observar cómo se relaciona con la luz, el suelo, el clima y el cuerpo que lo habita.
El Pabellón ZERI, diseñado por el arquitecto colombiano Simón Vélez, pertenece a estos últimos.
Su estructura de guadua llama inmediatamente la atención. Es imposible no hacerlo. Pero quizá lo más interesante de esta obra no sea aquello que vemos primero, sino aquello que ocurre entre sus elementos: la distancia entre la estructura y el suelo, la manera en que la cubierta produce sombra, la luz que desciende desde lo alto, los filtros que permiten estar dentro sin quedar completamente separados del exterior.
Aquí la guadua no es simplemente un material. Es parte de la manera de habitar. Y esa es la primera lección que podemos extraer de esta obra.

1. El edificio comienza antes de tocar el suelo
Cuando observamos una estructura solemos preguntarnos cómo se sostiene. Pero pocas veces nos preguntamos algo aparentemente más sencillo: ¿Cómo toca la tierra?
En el Pabellón ZERI, la relación entre la estructura de guadua y el suelo no es accidental. La guadua debe protegerse de la humedad y del contacto directo con el terreno, por lo que los elementos estructurales se separan del suelo mediante apoyos y soluciones constructivas que permiten transmitir las cargas hacia la cimentación sin exponer directamente el material vegetal.
Esta pequeña distancia tiene una enorme importancia arquitectónica. Porque entre el edificio y la tierra aparece un umbral.
La estructura parece apoyarse en el paisaje, pero no pertenece completamente a él. Se posa sobre él. Es una decisión técnica que termina produciendo una percepción espacial. Y aquí aparece algo que me interesa especialmente como arquitecta:
… la arquitectura muchas veces comienza en detalles que el visitante ni siquiera sabe que está mirando. La durabilidad de un edificio puede depender de unos pocos centímetros.


2. La estructura no está escondida: construye el espacio
En muchos edificios contemporáneos, la estructura desaparece. Columnas, vigas y apoyos quedan ocultos detrás de revestimientos, cielos rasos y acabados.
En el Pabellón ZERI sucede exactamente lo contrario. La estructura se muestra.
La guadua define el ritmo, establece proporciones, marca direcciones y construye la percepción del espacio. Pero hay algo todavía más interesante: Vélez no obliga al material a comportarse como si fuera otro.
La guadua conserva su naturaleza. Es tubular, ligera, flexible y resistente. Sus características determinan la manera en que puede ser ensamblada y utilizada estructuralmente.
Por eso, cuando observamos el pabellón, no estamos viendo simplemente una cubierta sostenida por columnas. Estamos viendo cómo un material puede convertirse simultáneamente en estructura, textura, ritmo y expresión arquitectónica.
La lección aquí es sencilla: Un buen material no necesita disfrazarse para convertirse en arquitectura.

3. Filtros que delimitan sin cerrar
Existe una idea muy arraigada en arquitectura: para separar un espacio necesitamos construir una pared. Pero una pared opaca no es la única manera de delimitar. También podemos hacerlo mediante filtros.
Una estructura repetitiva, una trama, una celosía, una sucesión de elementos verticales, la vegetación o incluso la sombra pueden establecer distintos grados de separación entre el interior y el exterior.
El Pabellón ZERI trabaja precisamente con esa condición de apertura. Desde el interior, el exterior permanece presente. No todo se revela de la misma manera ni simultáneamente. La estructura establece un límite, pero no construye una frontera absoluta.
Y esto tiene una consecuencia importante:
… la intimidad no siempre necesita aislamiento. Podemos sentirnos protegidos sin quedar completamente desconectados del paisaje. Podemos estar dentro y seguir percibiendo que existe un afuera.
Esta es una de las características más interesantes de los espacios intermedios, no son completamente interiores ni completamente exteriores. Son lugares de transición.

4. La luz no entra: la arquitectura la transforma
Llegamos quizá al elemento que más me interesa observar en este edificio: la luz.
El Pabellón ZERI incorpora una entrada de luz cenital a través de la cubierta. La iluminación no depende únicamente de grandes superficies transparentes en los laterales. La luz también llega desde arriba.
Y cuando la luz entra desde arriba, deja de ser simplemente iluminación. Se convierte en un acontecimiento espacial.
El lucernario introduce el cielo en el interior. La estructura de guadua se interpone entre ambos y transforma esa luz en una sucesión cambiante de claros y sombras. La luz encuentra obstáculos. Los atraviesa. Los rodea. Los proyecta. Y finalmente aparece sobre el suelo y sobre las superficies interiores convertida en luz y sombra.
Esto es algo que podemos observar en cualquier edificio, pero que en el Pabellón ZERI adquiere una expresión particularmente evidente:
…La arquitectura no solamente permite que entre la luz. Decide qué luz entra, dónde entra y qué sucede con ella después.
5. La sombra como material arquitectónico
Estamos acostumbrados a pensar en los materiales de un edificio como madera, piedra, concreto, vidrio o metal. Pero existe otro material que cambia constantemente: la sombra.
La cubierta del Pabellón ZERI tiene una función evidente: proteger. Protege del sol. Protege de la lluvia. Pero al hacerlo crea algo más: un espacio habitable bajo sombra.
La sombra deja entonces de ser la ausencia de luz y se convierte en una condición arquitectónica. Es ella la que permite permanecer. Es ella la que reduce la exposición al sol. Es ella la que modifica la temperatura percibida. Y es ella la que transforma la experiencia del espacio.
La gran cubierta de Vélez no debe entenderse solamente como una solución estructural. La gran cubierta de Vélez es también una máquina climática.
En un contexto tropical, una cubierta generosa no es un gesto ornamental. Es una respuesta directa al clima.
Y aquí aparece una idea que me parece fundamental: En arquitectura tropical, protegerse del sol puede ser tan importante como abrirse hacia él.

6. Mirar hacia arriba para entender el edificio
Hay edificios que nos obligan a mirar hacia arriba. El Pabellón ZERI es uno de ellos.
Cuando levantamos la mirada, la estructura adquiere otra dimensión. La repetición de las piezas de guadua construye una especie de paisaje interior. Ya no vemos solamente columnas y vigas; vemos una trama que regula la relación entre el cielo y el espacio.
El lucernario introduce luz. La estructura la filtra. La cubierta la controla. Y la sombra la vuelve habitable.
Es una secuencia sencilla, pero profundamente arquitectónica:
cielo → luz → estructura → sombra → espacio.
El edificio puede entenderse casi como una conversación entre estos cinco elementos.
7. La guadua: de material tradicional a material arquitectónico
Hay además una dimensión cultural que no podemos pasar por alto.
Simón Vélez dedicó buena parte de su trabajo a demostrar que la guadua podía superar la condición de material asociado exclusivamente a construcciones tradicionales o de bajo costo.
El Pabellón ZERI fue presentado originalmente en la Expo 2000 de Hannover y posteriormente reconstruido en Manizales. Aquello significaba llevar un material profundamente ligado al paisaje colombiano a un escenario internacional y demostrar que podía participar en una arquitectura de gran escala.
Pero quizá lo más interesante no sea demostrar que la guadua puede utilizarse en arquitectura. La verdadera pregunta es: ¿qué arquitectura podemos hacer precisamente porque tenemos guadua?
Esa diferencia es enorme. La primera pregunta intenta adaptar un material a una arquitectura preexistente. La segunda permite que el material participe en la creación de la arquitectura. Y eso es precisamente lo que podemos reconocer en el trabajo de Vélez.
8. Una arquitectura que no termina en sus paredes
Y hay una última prueba para cualquier arquitectura: ser habitada.
Hoy el Pabellón ZERI continúa formando parte del Recinto del Pensamiento y siendo utilizado para encuentros y eventos. La obra no quedó convertida en una pieza para contemplar. Sigue siendo un lugar donde las personas se reúnen, caminan, buscan sombra y experimentan cómo cambia la luz. Porque una arquitectura no demuestra su vigencia solamente por conservarse; la demuestra cuando todavía es capaz de ser habitada.
Quizá descubras que hay arquitectura ocurriendo en lugares que nunca habías aprendido a mirar. Y quizá, después de observarlos, empieces a habitar tus propios espacios de una manera diferente.
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